lunes, 1 de agosto de 2011

The Little Foxes 1941 "LA LOBA"

The Little Foxes 1941 "LA LOBA"


LA VANGUARDIA (9-4-1944) 
Gran labor dificil, verdaderamente ardua hallar una profundidad tan humana de tan rotunda expresión emotiva, a un tema tan tremendamente deshumanizado como el que esta notable versión cinematográfica de la obra de Lillian Helman «The litte foxes». Llevada a nuestras pantallas con el titulo español de «La loba», nos ofrece, sólidamente conducida por la mano expertísima de su realizador, William Wyler. Y obligado es reconocer cómo la técnica y la inteligencia de un buen director, en feliz maridaje con el arte de una gran actriz, el de Bette Davis, ha visto colmado con creces el efecto buscado, la finalidad apetecida; suavizar-mejor diríamos «humanizar» el tono agrio, mordaz, crudamente realista del fondo dramático de la obra, con la elegancia de esa pincelada enérgica, pero finamente matizada que pone como una aparente quietud de remanso, como un eco lejano de sordina, como un hilo tenue de mentida claridad sobre el cuadro sombrío, zarandeado por la violencia y el dolor de pasiones fuertes y desganadas de unos personajes a los que agita y domina y acabará consumiendo poco a poco el rescoldo ya inextinguible de aquella hoguera encendida y avivada durante mucho tiempo por ellos mismos en el vendaval de una lucha despiadada de odios, de ambiciones, de egoísmos sin freno, de estériles venganzas. Tal es, sucintamente esbozada, la tesis que en «La loba» plantea, que tendrá también su moraleja. Es decir, su falsa moraleja. Porque el personaje eje de la acción, «Regina Giddens» — la loba –, es rigurosamente amoral. De ahí, dentro de su inquieta vibración, ese escalofrío acibarado, ese sabor amargo que deja en nosotros la rígida figura, hosca y perversa, cínicamente insensible, del complejo personaje. Tal vez el realizador haya sobrecargado un tanto las líneas sombrías del mismo, pero en todo caso ha sabido brindamos un ejemplo de buen cine, donde la procedencia teatral no es obstáculo que vencer, sino una coyuntura bien aprovechada y donde la labor de unos excelentes interpretes -Bette Davis, Herbert Marshall, Patricia Collinge y Teresa Wright, pero sobre todo la primera- confieren a la cinta un rango y un merito que la sitúa merecidamente en destacado lugar entre las producciones de la mejor escuela dramática. F. GONZÁLEZ SERRA. 




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