The Barefoot Contessa 1954 "LA CONDESA DESCALZA"
LA VANGUARDIA (24-1-1954) Joseph L Mankiessia es uno de tos directores norteamericanos de más innegable y demostrado talento, un hombre de espíritu muy fino a quien siempre le ha complacido poner en sus películas, aun cuando fueran escritas por otro, como generalmente ocurre, un fondo retórico si se quiere que ha revelado su sedimento de europeo ligado a las viejas razones de su cultura. Y Joseph L. Mankiewicz ha sido no sólo el director, sino también el escritor de «La condesa descalza», lo cual ha conducido a la única consecuencia posible: el cine, en su sentido más riguroso, ha cedido el paso a la literatura y, por esta vez, el cinc se ha puesto a hacer algo para lo que realmente no estuvo nunca dotado: literatura. Pero es que además Mankíewicz ha escogido un tema dificil y unos personajes complejos, con el empeño de verter, más en la palabraque en la imagen, un contenido de figuras, construidas con elementos fundamentalmente cerebrales, incluso cuando están más cerca de lo humano. Hay en la cinta más geometría que corazón, y, sin embargó, se diría que en la nebulosa psicologia de la protagonista, de tanta influencia freudiana, quedan posibilidades frustradas, como si su propio autor no hubiera sabido verlas, posibilidades de tremenda palpitación que en la película apenas se esbozan cuando se producen los momentos propicios a la emoción de más auténtico pulso dramático. Por tales caracteristicas, "La condesa descalza" aparece como una ficción extrañamente despojada de calor, y, en definitiva, de verdadero interés, a lo cual contribuye enormemente la fórmula narrativa adoptada por Mankiewicz, al margen por completo de la más elemental dinamia cinematográfica: la de emplear tres voces «en off». de otros tantos personajes, a las cuales se encomienda la tarea de referir cuanto sucede en relato retrospectivo cuyo punto de arranque varias 'Gots reiterado, es la escena del entierro cn un camposanto italiano. Capitulo tras capítulo, con la constante y esencial apoyatura del diálogo, hartas veces diluido en vagas consideraciones de diversa índole, se va componiendo la historia de la hermosa bailarina española—olvidemos piadosamente los planos del colmado de Madrid— que estaba condenada a no ser feliz, perseguida por todos los hados adversos. Con seguridad que, aparte escenas de cierta brillantez y de rutilantes ambientes poblados de novelescos personajes, aquello que mejor sostiene el conjunto del film, más por su fascinación personal que por su autenticidad, es la labor del magnifico cuadro de comediantes, situado en tomo a la extraordinaria belleza de Ava Gardner. la esfinge sin secreto de la película. El más, expresivo y real es por lo demás. Humphrcy Bogan. que confirma su gran calidad del actor, Edmond O'Brien interpreta otro personaje de bien vista intención el que mejor instrumenta la sátira pretendida por Mankciewicz. Rossano Brazei y Marius Goring se limitan, en cambio, a vestir figuras que hubieran podido tener, sobre todo en el caso del primero, mayor alcance y más hondura. —H. SAENZ GUERRERO.

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