The Shop around the Corner 1940 "EL BAZAR DE LAS SORPRESAS"
LA VANGUARDIA (31-5-1945)
«El bazar de las sorpresas» ¡Qué maravillosa suavidad tiene esta película de Lubitsh. Este es el comentario que salta a los labios apenas vista la cinta, porque «El bazar de las sorpresas» es un alarde insuperable de normalidad, de justeza, de medida, sin desquiciamientos en ningún sentido. Y tal vez guste más porque está uno tan caneado de cosas insulsas y vacuas. Esta película es desde el principio al fin, una obra repleta de humanidad, de esa cálida y entrañable humanidad del hombre medio que sufre y goza dentro del inmenso vaso de agua en que se mueve. Cada personaje del film es un acabado estudio psicológico, todas sus reacciones son tan verdad y responden a una realidad humana tan bien descrita, que sobrepasan el ámbito de simples muñecos de una farsa para acabar siendo hombres y mujeres con un corazón que palpita muy cerca de nosotros, la misma nimiedad argumental, tan próxima a la verdad de todos los dias. es un valor más de «El bazar de las sorpresas». Un valor más porque es muy dificil llevar al espectador interesado tras una narración que no le cuente nada sensacional ni extraordinario. Pero Lubitsch, con un alarde de creación muy suyo, impregna la película entera de esa blanda atmósfera burguesa que tanto ama. Cuida los detalles con tal sensibilidad, con tal acierto, que muchas veces son esos detalles la clave que descubre todo lo que mil diálogos no dirían jamás. Es verdaderamente asombrosa la emoción de muchas de las situaciones de «El bazar de las sorpresas», una emoción que surge precisamente de la extraordinaria sencillez que emana el film y de cada una de sus partes. Todas las figuras de la ficción — que viven su vida mínima en el breve escenario de trastienda, como en la vida misma—están interpretadas de un modo insuperablemente cordial. James Stevart, Margaret Sullavan, Frank Morgan, Joseph Schildkraut, Félix Bressart, Sara Haden y el descubrimiento del joven William Tracy son unas muestras acabadas de humana verdad, y lo único que lamentamos es no disponer del suficiente espacio para glosar como se merecen las figuras de esta soberbia película que se titula «El bazar de las sorpresas». H. SÁENZ GUERRERO.

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